Un voraz alud de hielo y roca registrado en la zona fronteriza entre Nepal y la Región Autónoma del Tíbet (China) desencadenó una de las emergencias humanitarias y ambientales más graves de la década en el Himalaya. La masa de material glaciar colapsó a más de 5.000 metros de altitud y descendió a gran velocidad hacia el valle de Lhende, provocando una riada torrencial que hizo desbordar de forma repentina ríos principales como el Bhotekoshi y el Trishuli.
El flujo riada arrasó aldeas enteras, puentes, tramos carreteros y múltiples centrales hidroeléctricas en distritos del centro y norte del país, como Rasuwa y Nuwakot. Las labores de socorro ejecutadas por el Ejército de Nepal, la Policía y brigadas internacionales se han enfrentado a un terreno inestable y devastado:
- Pérdidas humanas: Las autoridades registran más de 1.350 fallecidos confirmados en Nepal y decenas en el lado tibetano, mientras que las cifras de desaparecidos superan las 5.000 personas en toda la zona afectada.
- Daños en infraestructuras: La corriente destruyó más de 35 puentes vehiculares y decenas de pasarelas peatonales, aislando a comunidades rurales y paralizando varios proyectos hidroeléctricos clave, lo que dejó atrapados temporalmente a trabajadores en túneles subterráneos.
- Impacto en el turismo internacional: Decenas de turistas y senderistas extranjeros se vieron atrapados en los circuitos de alta montaña de la región, lo que obligó a realizar intensos operativos de evacuación aérea con helicópteros militares.
EL DEBATE CIENTÍFICO: CALENTAMIENTO GLOBAL Y FALLA EN LOS SISTEMAS DE ALERTA
Este desastre ha reactivado la alarma global sobre el impacto del cambio climático en los glaciares del Hindu Kush-Himalaya. La devastación dejada por la avalancha reabre el debate internacional sobre la urgente necesidad de implementar fondos de compensación por pérdidas y daños climáticos en países en desarrollo de alta montaña.