HOUSTON, Estados Unidos — En un espectáculo que rozó la ciencia ficción, Elon Musk presentó en Texas la versión más audaz del Tesla Roadster, equipado con propulsores de gas a alta presión desarrollados en colaboración con SpaceX. Durante la demostración en vivo, el súper deportivo eléctrico se elevó desde una rampa, realizó maniobras en el aire y aterrizó de forma autónoma sobre sus ruedas tras superar diversos obstáculos en la pista.
Pese al impacto visual de la prueba, el multimillonario fijó el inicio de su producción comercial para el año 2028. El propio Musk admitió que el prototipo aún enfrenta serios desafíos en materia de seguridad e ingeniería para su optimización final. A esto se suman las estrictas restricciones de circulación urbana y el escepticismo de los organismos reguladores.
Por su parte, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) emitió una aclaración oficial precisando que el vehículo no se encuadra dentro de la definición legal ni técnica de una aeronave, catalogándolo únicamente como un automóvil de altas prestaciones con capacidades de elevación efímeras y limitadas. La viabilidad de ver este modelo en el tránsito cotidiano dependerá de superar prolongados exámenes normativos y pruebas de homologación.