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PERÚ — El fenómeno de El Niño amenaza con convertirse en uno de los más intensos de las últimas décadas en el Perú. Los pronósticos oficiales advierten que este evento climático se extenderá hasta el verano de 2027 con una magnitud de fuerte a extraordinaria, lo que implicará lluvias torrenciales en la costa norte, sequías en la sierra sur, serias alteraciones en la pesca y un impacto directo en la seguridad alimentaria. Aunque el Gobierno ha ejecutado simulacros y anunciado la preparación de albergues para miles de personas, la realidad evidencia un panorama preocupante: más de treinta proyectos de prevención continúan inconclusos y ninguno de los sistemas de alerta temprana previstos se encuentra operativo.

La Contraloría ha señalado severos retrasos en el plan de más de 200 millones de soles destinado a proteger la red vial, mientras que los proyectos de restauración de cuencas —fundamentales para mitigar inundaciones— registran escasos avances. La falta de articulación entre ministerios y gobiernos regionales agrava la coyuntura, dejando a comunidades enteras sin herramientas para anticipar y enfrentar la emergencia. En paralelo, el Ejecutivo ha prometido refugios para 30 000 personas en Piura, pero los especialistas advierten que estas medidas temporales resultan insuficientes frente a la magnitud del fenómeno.

El Niño no solo pone a prueba la infraestructura del país, sino también su capacidad institucional y política para responder con rapidez y efectividad. La falta de radares meteorológicos, la lentitud en la ejecución de obras públicas y la vulnerabilidad de las poblaciones más expuestas revelan que el Perú aún no está preparado para asumir un desafío de esta envergadura. La gran interrogante es si el país logrará transformar la urgencia en acciones concretas antes de que las lluvias y las sequías descarguen toda su fuerza.

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