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PEKÍN — En el marco de un encuentro de alto nivel celebrado en la capital china entre el canciller Wang Yi y delegaciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, la diplomacia del gigante asiático envió una señal contundente a la geopolítica global: las relaciones entre Pekín y Ciudad de México poseen una lógica interna propia, no están dirigidas contra ningún país tercero ni tolerarán interferencias externas. La declaración pública busca blindar los intercambios comerciales e inversiones estratégicas bilaterales frente al creciente escrutinio y presión de Washington.

El pronunciamiento chino responde directamente a las advertencias y objeciones de Estados Unidos sobre el incremento del comercio y las inversiones chinas en territorio mexicano. Desde la perspectiva de Washington, México corre el riesgo de convertirse en un punto de triangulación (transbordo) para que productos manufacturados e insumos industriales de origen chino evadan las barreras arancelarias de la economía estadounidense. Ante esta narrativa, Pekín enfatizó los principios rectores de su política exterior:

Un Balance Delicado para México

Para México, la posición expresada por Pekín refuerza su margen de maniobra diplomático en el escenario internacional. Sin embargo, la administración mexicana se encuentra obligada a calibrar minuciosamente sus movimientos: por un lado, necesita del capital, la tecnología y los insumos asiáticos para dinamizar su aparato productivo; por el otro, no puede arriesgar la estabilidad comercial con Estados Unidos, su principal mercado de exportación y socio prioritario en Norteamérica.

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