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KATMANDÚ, NEPAL — Entre los picos más altos del planeta y las comunidades vulnerables de sus valles, Nepal enfrenta una paradoja dolorosa: representa menos del 0,03% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, pero figura entre los países más castigados por el cambio climático. A la pérdida de vidas y medios de subsistencia por el deshielo acelerado de sus glaciares y las inundaciones devastadoras, se suma un agravante financiero: los países desarrollados están transfiriendo la factura de la adaptación climática en forma de préstamos con interés, sumergiendo a la nación asiática en una espiral insostenible de endeudamiento.

El aumento de las temperaturas globales en el Himalaya está transformando radicalmente la geografía e infraestructura del país. El derretimiento vertiginoso de los glaciares no solo amenaza con desbordar los lagos glaciares (lo que generaría riadas catastróficas), sino que desestabiliza las cuencas hidrográficas que alimentan a más de mil millones de personas en el sur de Asia.

Para hacer frente a esta emergencia ecológica, Katmandú necesita inversiones millonarias destinadas a la reconstrucción de puentes, contención de ríos, reubicación de poblados y protección de centrales hidroeléctricas. Sin embargo, la respuesta de la comunidad internacional ha distado del compromiso de «justicia climática»:

La Falacia de la Ayuda Climática

El debate internacional pone al descubierto una profunda asimetría ética y económica en los mecanismos del Fondo Verde del Clima y la arquitectura financiera global. Para los líderes comunitarios y las autoridades nepalíes, catalogar los créditos de adaptación climática como «asistencia al desarrollo» es una contradicción ética. Exigir que un país en desarrollo asuma deudas comerciales para defenderse de una catástrofe ambiental que no causó equivale a imponer una multa injusta a la víctima del daño.

El caso de Nepal se ha convertido en el símbolo de las demandas del Sur Global: la adaptación al cambio climático no puede seguir operando como un nicho de mercado para la banca multilateral, sino que debe ser asumida por las potencias industriales como una responsabilidad histórica y un compromiso ineludible con la equidad global.

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