NUEVA YORK — En 1961, en las aulas de la Universidad de Yale, el psicólogo Stanley Milgram diseñó un estudio ideado para responder una de las preguntas más inquietantes del siglo XX: ¿cómo personas ordinarias terminaron perpetrando atrocidades bajo el régimen nazi? Los resultados conmocionaron a la comunidad científica internacional y continúan generando debate en la actualidad.
1. El diseño del experimento: La ilusión del castigo
El mecanismo ideado por Milgram reunió a voluntarios convencidos de formar parte de una investigación sobre la memoria y el aprendizaje.
- El sorteo amañado: El participante real adoptaba siempre el rol de «maestro», mientras que un actor cómplice hacía el papel de «alumno».
- La prueba: El maestro leía pares de palabras y aplicaba una descarga eléctrica graduada (de 15 a 450 voltios) ante cada error cometido por el aprendiz.
- El engaño: Aunque el generador emitía ruidos y luces creíbles, el alumno no recibía descargas reales; simplemente simulaba gritos de dolor.
Cuando los participantes expresaban dudas ante los alaridos de angustia del alumno, el investigador a cargo simplemente les repetía frases fijas como: «Por favor, continúe» o «No tiene elección, debe continuar».
2. ¿Por qué se sigue replicando en el siglo XXI?
A pesar del endurecimiento de las normas éticas en la investigación científica —que limitan la intensidad del engaño y protegen el bienestar psicológico de los voluntarios—, diversas réplicas modernas han confirmado que este sesgo sigue intacto:
- Réplicas contemporáneas: Estudios liderados por investigadores como Jerry Burger (2009) y experimentos llevados a cabo en Europa han demostrado que, adaptando la metodología, entre el 60 % y el 70 % de las personas continúa obedeciendo a la autoridad aun cuando cree infligir dolor a un semejante.
- Evidencia desde la neurociencia: Investigaciones recientes con escáneres cerebrales revelan que, cuando obedecemos órdenes, las áreas vinculadas con la empatía y el sentido de responsabilidad moral muestran menor actividad.
El experimento de Milgram trasciende la psicología académica y sirve como recordatorio de la vulnerabilidad humana frente a la autoridad, destacando la importancia del pensamiento crítico y la ética personal en la sociedad.