Lo que comenzó como una ambiciosa apuesta de la industria acuícola ha concluido en un hito histórico para el bienestar animal. La multinacional Nueva Pescanova oficializó su renuncia al proyecto que pretendía instalar en el Puerto de La Luz (Las Palmas de Gran Canaria) la primera granja comercial de pulpos a gran escala del planeta, una instalación diseñada para criar cerca de un millón de cefalópodos al año.
La retirada del proyecto es el resultado de años de movilización incesante liderada por una coalición global de colectivos ecologistas, científicos y organizaciones de defensa animal como AnimaNaturalis y PETA. A las masivas protestas en las calles y la recolección de miles de firmas se sumó una solidez técnica irrefutable: numerosos neurobiólogos y etólogos advirtieron sobre la imposibilidad de garantizar un trato ético a animales caracterizados por su altísima inteligencia, comportamiento solitario y sensibilidad al cautiverio.
DE LA CALLE AL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
El archivo del proyecto en Gran Canaria ha sido celebrado por la comunidad científica y civil como un precedente internacional contra la intensificación de la acuicultura de especies carnívoras y sintientes. Sin embargo, los colectivos en defensa de la fauna marina insisten en que «la lucha continúa». El foco de las organizaciones se desplaza ahora al ámbito legislativo, con el objetivo de convertir este freno en una prohibición estatal definitiva que impida la apertura de futuras macrogranjas de pulpos en territorio español.