GINEBRA / WASHINGTON D. C. — En una de las ofensivas de salud pública más contundentes de la última década, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han renovado su llamado global para erradicar de forma definitiva los ácidos grasos trans producidos industrialmente (AGT-PI) del suministro alimentario mundial. Los organismos sanitarios advierten que el consumo de estos ingredientes ultraprocesados constituye un factor directo en el desarrollo de enfermedades no transmisibles, situándose como la causa principal de más de 500.000 muertes prematuras anuales por cardiopatías coronarias.
La evidencia científica presentada por las agencias muestra que cuando la ingesta de grasas trans supera el 1 % de la energía total diaria de una persona, el riesgo de padecer un evento cardiaco grave o mortal se dispara vertiginosamente. Frente a esta amenaza silenciosa pero evitable, la OMS y la OPS sostienen que la concientización del consumidor no basta y demandan la aplicación inmediata de marcos regulatorios estrictos en todos los Estados miembros.
Las dos vías regulatorias para blindar la cesta de la compra:
Para lograr una eliminación efectiva y duradera en la industria agroalimentaria, la estrategia regional y global propone un paquete de medidas legislativas basado en dos pilares fundamentales:
- Tope máximo obligatorio: Establecer por ley que el contenido de ácidos grasos trans industriales no supere los 2 gramos por cada 100 gramos de grasas totales (2 %) en la formulación de cualquier producto alimenticio comercializado.
- Prohibición de la fuente primaria: Proscribir de forma tajante la producción, importación y uso de aceites parcialmente hidrogenados, los cuales constituyen la fuente principal y más dañina de AGT-PI en la elaboración de repostería, frituras y alimentos ultraprocesados.
- Combinación de políticas estandarizadas: Promover un marco legal integral que aplique ambas restricciones de forma paralela, impidiendo que la industria sustituya un ingrediente nocivo por otro similar sin control sanitario.
Los portavoces de la OPS destacaron que la erradicación de las grasas trans es una de las intervenciones de salud pública más costo-efectivas disponibles para las naciones, ya que no requiere un cambio de comportamiento individual en la dieta, sino una reformulación obligatoria de la oferta alimentaria. La adopción generalizada de estas normas en las Américas y el resto del mundo no solo reduciría drásticamente la carga sobre los sistemas de salud pública, sino que evitaría medio millón de infartos y fallecimientos prematuros cada año.