Hablar del caleño es hablar de una forma de vivir donde la brisa de la tarde que baja de los Farallones se cruza con el repique de la salsa en cada esquina. El caleño no camina, va azorando; no se apura, se desatrasa; y cuando algo está sumamente bueno, no hay otra forma de decirlo: ¡está una chimba, ve!
- La parla y el «oís»: El dialecto caleño es cantado, cargado de «voseo» y de una frescura única. Frases como «hágale, mi viejo» o «mirá, ve» no son solo palabras; son la carta de presentación de una calidez humana que no se encuentra en otro lado.
- Alegría frente al «chicharrón»: A pesar de las dificultades socioeconómicas o de ciudad, la gente de Cali le pone el pecho a las cosas con optimismo. Se trabaja duro en la semana, pero el fin de semana se remata con un champús bien frío, empanaditas con bastante ají o un paseo a Pance a comer sancocho de gallina en fogón de leña.
- Orgullo caleño: La cultura de la «Sucursal del Cielo» es solidaria y apasionada, unida por la salsa, el deporte y un amor visceral por su tierra.
Pregunta interactiva: ¿Cuál es tu dicho, comida o costumbre caleña favorita que sentís que define mejor a alguien de Cali?