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Una sangrienta incursión de la coalición Viv Ansanm en Kenscoff deja al menos 47 muertos y reaviva las alarmas sobre la ineficacia del despliegue de seguridad extranjero.

Haití ha vuelto a caer bajo un asedio voraz. En una nueva e impactante incursión armada en Kenscoff, una comuna estratégica situada a apenas diez kilómetros de la capital, la violencia desatada por la coalición criminal Viv Ansanm ha dejado al menos 47 muertos, decenas de heridos y múltiples personas secuestradas, según informes de las Naciones Unidas.

El ataque, caracterizado por ejecuciones extremas —incluida la matanza de 22 personas dentro de una iglesia local— y el incendio sistemático de viviendas, demuestra cómo el crimen organizado continúa consolidando su cerco sobre Puerto Príncipe. Kenscoff no solo representa una zona residencial, sino también un punto de paso clave que conecta el sur del país con la capital.

Un Estado sin capacidad de respuesta

La masacre ha vuelto a poner al descubierto la fragilidad institucional y la incapacidad de la Policía Nacional de Haití (PNH) para proteger a la población civil. A pesar del despliegue de altos mandos e investigadores en la zona del desastre, la falta de equipo, personal e inteligencia sitúa a las fuerzas locales en una clara desventaja táctica frente al poder de fuego de bandas como 5 Segond, Grand Ravine o Ti Bwa.

Esta crisis no solo se traduce en la pérdida de vidas humanas e inseguridad física, sino que asfixia la economía local y amenaza con paralizar cualquier intento de organizar las elecciones proyectadas para recuperar el orden constitucional.

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