Sin margen para refinanciar, uno de cada tres ciudadanos enfrenta retrasos con bancos y prestamistas, mientras la marcha por el fin del sobreendeudamiento irrumpe en las calles.
Para millones de argentinos, recurrir al crédito dejó de ser una herramienta de inversión para convertirse en el único mecanismo de supervivencia diaria. Cifras del Banco Central de la República Argentina y de la consultora Analytica revelan un panorama dramático: más de 20 millones de ciudadanos están endeudados y cerca de 6 millones han entrado en morosidad al no poder cubrir siquiera los pagos mínimos. La bola de nieve del endeudamiento doméstico refleja el duro impacto del ajuste económico, los altos costos de financiamiento y la pérdida sostenida del poder adquisitivo.
El colapso en la capacidad de pago provocó que el pasado 20 de agosto se realizara en Buenos Aires la primera marcha de ciudadanos endeudados, una manifestación inédita para exigir mecanismos estatales de refinanciación y protestar contra la negativa del Ejecutivo a intervenir.
Tres radiografías del sobreendeudamiento popular
- Uno de cada tres en problemas: El informe de la consultora Analytica advierte que el 33 % de los endeudados enfrenta graves dificultades para saldar sus compromisos, los cuales abarcan desde créditos bancarios y tarjetas de crédito hasta saldos en billeteras digitales y tiendas de electrodomésticos.
- La trampa del refinanciamiento: Ante tasas de interés exorbitantes, refinanciar las deudas resulta inviable. Las familias terminan tomando nuevos créditos informales a tasas usurarias simplemente para comprar alimentos o pagar servicios básicos, lo que profundiza la espiral de endeudamiento.
- La postura oficial: Frente a la movilización social, el gobierno de Javier Milei mantiene una firme doctrina de libre mercado al definir la crisis de morosidad como «un asunto estrictamente entre privados», en el que el Estado no debe intervenir regulando ni subsidiando pasivos.
La delgada línea entre el riesgo crediticio y la emergencia social
El fenómeno de la morosidad masiva deja al descubierto el reverso social de la desaceleración inflacionaria. Con salarios que no logran recomponerse frente a los costos fijos y un mercado financiero que cobra tasas punitivas, la interrupción del consumo privado proyecta una larga sombra sobre la recuperación económica real de Argentina.