El impacto del fenómeno meteorológico de El Niño vuelve a encender las alarmas humanitarias en el continente americano. Según las advertencias del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas, las alteraciones climáticas asociadas a este evento —marcadas por sequías prolongadas, precipitaciones erráticas y temperaturas en mínimos récords históricos de humedad— amenazan con empujar a más de 16 millones de personas hacia la inseguridad alimentaria aguda en América Latina y el Caribe.
Aunque el impacto de El Niño afecta de manera diversa la geografía regional, los efectos más devastadores se concentran en territorios caracterizados por la agricultura de subsistencia y elevados niveles de pobreza estructural:
- El Corredor Seco Centroamericano (Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua): Meses continuos de déficit de precipitación han provocado la pérdida masiva de cosechas de granos básicos como el maíz y el frijol. Millones de pequeños agricultores han agotado sus reservas alimentarias domésticas antes de tiempo.
- La Región Andina (Bolivia, Perú y Ecuador): Las heladas atípicas, sumadas a la escasez de agua en las cuencas altas, afectan la producción de tubérculos y cereales nativos, además de limitar la disponibilidad de pastos para la ganadería de camélidos y vacunos.
- El Caribe y el norte de Sudamérica: Episodios severos de sequía tensionan los sistemas de agua potable y encarecen los costos de importación de insumos agrícolas esenciales.