El fenómeno meteorológico de El Niño ha vuelto a golpear con severidad la franja del Corredor Seco centroamericano. En El Salvador, la prolongada falta de precipitaciones y las altas temperaturas han desatado una crisis agrícola histórica que amenaza la subsistencia de miles de pequeños productores y presiona la seguridad alimentaria de toda la nación.
De acuerdo con estimaciones de la Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO), la escasez de lluvias ya ha generado pérdidas superiores al 20% en la siembra del ciclo agrícola inicial, traducidas en más de 2.3 millones de quintales de maíz y decenas de miles de quintales de frijol reducidos a pérdidas totales.
- Pérdida en el campo: En departamentos vulnerables como San Vicente, Cabañas y la zona oriental del país, los agricultores reportan comunidades donde la cosecha del primer trimestre se perdió por completo debido a periodos de sequía meteorológica de más de 40 días consecutivos.
- El fenómeno del mulquite: Al no recibir la hidratación necesaria en su etapa crucial de espigamiento, las plantas de maíz quedan atrofiadas y producen mulquites —elotes no desarrollados que carecen de valor comercial y terminan siendo descartados o utilizados como alimento para el ganado—.
- Impacto en la canasta básica: La reducción del abastecimiento nacional ha encarecido el precio de los granos básicos en los mercados locales, impactando con mayor fuerza a las familias rurales que operan bajo regímenes de agricultura de subsistencia.
Vulnerabilidad sistémica en el Corredor Seco
El informe más reciente de la confederación internacional Oxfam advierte que aproximadamente siete millones de personas en Guatemala, Honduras y El Salvador se encuentran expuestas al deterioro de sus medios de vida por esta crisis hídrica. En El Salvador, más del 80% de las familias del sector rural dependen directamente de lo que cosechan en sus parcelas para asegurar el alimento diario.
A diferencia de la agricultura industrializada, los pequeños productores locales carecen de sistemas de riego tecnificados y dependen íntegramente de la regularidad de las lluvias de invierno. La alteración de los patrones pluviales los deja sin margen de maniobra financiero ante la pérdida masiva de insumos, semillas y fertilizantes. Frente a la alerta climática, las autoridades del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) han intensificado sus esfuerzos mediante la entrega de paquetes agrícolas y la promoción de tecnologías de mitigación, como el uso de fertilización focalizada mediante drones y la siembra acelerada con variedades de granos más resistentes al estrés hídrico.