Tras rescatar de la extinción al rinoceronte indio y al cocodrilo gavial, el aumento de la fauna salvaje desborda las áreas protegidas e intensifica los encuentros mortales con la población rural.
KATMANDÚ — En las últimas cinco décadas, Nepal se ha consolidado ante la comunidad internacional como un modelo referente en la conservación de la biodiversidad. Con casi el 20 % de su territorio declarado área protegida y una férrea estrategia contra la caza furtiva, el país asiático logró recuperar poblaciones de especies al borde de la desaparición, como el tigre de Bengala, el rinoceronte indio de un solo cuerno y el peculiar cocodrilo gavial. Sin embargo, este triunfo ecologista ha comenzado a mostrar su reverso más trágico: el acelerado crecimiento poblacional de los animales desborda los límites de los parques nacionales, desencadenando una sangrienta convivencia en las zonas limítrofes.
LAS TRES CARAS DEL CHOQUE ENTRE CONSERVACIÓN Y SUPERVIVENCIA HUMANA
- Invasión de cultivos y pérdidas económicas: Al saturarse los hábitats protegidos, especies como rinocerontes y elefantes irrumpen a diario en los campos agrícolas adyacentes, destruyendo cosechas enteras y dejando a comunidades de subsistencia en la absoluta ruina financiera.
- Aumento drástico de ataques mortales: Los encuentros cara a cara entre habitantes rurales y grandes mamíferos o depredadores se han multiplicado. Las agresiones en los bordes de los Parques Nacionales Chitwan y Bardia dejan un saldo recurrente de heridos y víctimas fatales entre campesinos que recolectan leña o cuidan su ganado.
- Tensión social y represalias: La falta de compensaciones económicas ágiles por parte del Estado genera resentimiento en las poblaciones locales. Este descontento amenaza con debilitar el apoyo comunitario, pilar fundamental sobre el que se construyó el éxito de la estrategia contra la caza furtiva.
Un desafío para el modelo de coexistencia sostenible El dilema de Nepal plantea un interrogante global para la gestión ambiental. Las autoridades nepalíes enfrentan ahora el desafío urgente de modernizar la infraestructura de contención, agilizar los subsidios por daños y reordenar el territorio para evitar que un éxito histórico de conservación se traduzca en una crisis humanitaria local.