LA HABANA, CUBA. La isla de Cuba volvió a sumergirse en la penumbra total tras registrarse una caída masiva del Sistema Electroenergético Nacional (SEN). Este incidente constituye el octavo colapso total de la red eléctrica en lo que va del año 2026, un hito alarmante que evidencia la vulnerabilidad crítica y el estado terminal de la infraestructura energética en la nación caribeña.
El Ministerio de Energía y Minas confirmó que la interrupción masiva dejó sin suministro a más de nueve millones de habitantes. La falla técnica de origen se produjo tras un «disparo» repentino en la línea de transmisión de 220 kV que conecta Matanzas con Cienfuegos. Este fallo de alta tensión actuó como un efecto dominó que desconectó de forma inmediata los bloques de generación desde el occidente hasta el extremo oriental de Guantánamo.
Anatomía de un sistema exhausto
La recurrencia de estas fallas no es fortuita, sino la consecuencia de décadas de obsolescencia en las plantas termoeléctricas y un desabastecimiento estructural de combustible:
- Déficit crítico de generación: Para cubrir la demanda nacional, Cuba requiere entre 2.850 y 3.300 megavatios (MW). En los momentos de mayor tensión, la disponibilidad apenas ha logrado rondar los 1.300 MW, cubriendo en ocasiones menos de un tercio de la demanda del país.
- Falta crónica de crudo importado: La isla necesita aprovisionarse con algo más de 100.000 barriles de petróleo diarios para operar su matriz energética. Sin embargo, la extracción nacional apenas aporta unos 40.000 barriles, dejando una brecha que depende de importaciones fuertemente impactadas por restricciones de financiamiento y presiones internacionales.
- Recuperación lenta y fragmentada: Los protocolos de restauración del SEN exigen encendidos graduales a partir de microsistemas con fuentes de fácil arranque (hidroeléctricas, parques solares y motores distribuidos). Este proceso suele demorar más de 30 horas continuas para volver a enlazar las termoeléctricas principales.
Más allá de los balances técnicos, la vida cotidiana de la población cubana se ha paralizado. El corte simultáneo del fluido eléctrico arrastra consigo el bombeo de agua potable, el suministro de gas doméstico y la conservación de los alimentos. Adicionalmente, agencias internacionales como la ONU y la OMS han alertado sobre los graves riesgos que estas interrupciones prolongadas generan en el sistema de salud pública, afectando la cadena de frío para vacunas y la programación de procedimientos quirúrgicos en la red hospitalaria.
Las representaciones diplomáticas en La Habana han emitido avisos a sus ciudadanos instándolos a acopiar agua, alimentos no perecederos y sistemas de iluminación autónomos ante la incertidumbre de un sistema eléctrico cuyo restablecimiento pleno es cada vez más frágil e inestable.