LONDRES — En los emblemáticos pubs de Soho, las salas de teatro del West End y los tribunales de Inglaterra y Gales, un nuevo cartel comienza a volverse habitual: el dibujo de unas gafas marcadas con una cruz roja. La proliferación de las gafas inteligentes con cámara e inteligencia artificial incorporada —lideradas por las Ray-Ban de Meta— ha desencadenado una ola de rechazo social y normativo en la capital británica bajo la consigna explícita de «Apaguen las cámaras».
La tecnología, diseñada para capturar fotos, grabar vídeo en tiempo real y analizar el entorno sin necesidad de sostener un teléfono, ha convertido los espacios públicos y de ocio en verdaderas zonas de tensión. La principal queja de los ciudadanos y propietarios de locales no radica únicamente en la recolección de imágenes, sino en lo imperceptible y discreto del proceso. A falta de una legislación nacional uniforme para espacios privados de acceso público, diversos sectores en Londres han tomado la iniciativa mediante la aplicación de reglas de la casa:
- Pubs y restaurantes: Establecimientos tradicionales han comenzado a prohibir la entrada con estos dispositivos o a exigir que se mantengan guardados. La preocupación principal es la grabación inadvertida de clientes en momentos de esparcimiento.
- Teatros y cines: Escenarios como el Piccadilly Theatre y cadenas de cines han restringido de forma tajante su uso para proteger los derechos de autor de las obras y evitar que se filtren fragmentos grabados desde la perspectiva del espectador.
- Tribunales e instituciones: En un paso más formal, los juzgados de Inglaterra y Gales ordenaron la confiscación de estos dispositivos en sus accesos para impedir filmaciones clandestinas dentro de las audiencias.
Sin embargo, la efectividad de estas prohibiciones es fuertemente cuestionada por activistas de la privacidad por dos motivos clave:
- Alteración física: Diversos tutoriales en red enseñan a cubrir el indicador luminoso sin bloquear la lente. Aunque firmas como Meta han actualizado el software para detectar la manipulación y desactivar el sensor, los usuarios continúan buscando formas de evadir la señal.
- Uso de IA en segundo plano: Investigaciones sobre los algoritmos de visión por computadora señalan que la cámara puede procesar el entorno mediante inteligencia artificial para responder a consultas del usuario sin necesidad de activar el ciclo de «grabación de vídeo tradicional», lo que deja la luz indicadora apagada mientras el sensor analiza a las personas alrededor.
El debate en la capital del Reino Unido no carece de matices. Organizaciones en defensa de los derechos de personas con discapacidad han advertido que las restricciones absolutas pueden resultar perjudiciales. Para usuarios con discapacidad visual, las gafas inteligentes representan una herramienta fundamental de asistencia en tiempo real mediante descripción de voz e identificación de objetos en el entorno.
A medida que las gafas con IA se vuelven más comunes, Londres se consolida como el epicentro de un debate ético global: la búsqueda de un equilibrio entre las herramientas de asistencia tecnológica y el derecho fundamental a no ser grabado sin consentimiento explícito en la vida cotidiana.