Durante décadas, la caída de las Torres Gemelas del World Trade Center impulsó extensas investigaciones en ingeniería civil y ciencia de materiales. El exhaustivo informe del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de EE. UU. (NIST) concluyó que el colapso no fue provocado únicamente por la fuerza del impacto inicial de los aviones comerciales modificados, sino por la combinación letal de dos factores científicos interconectados: el daño estructural directo y la degradación térmica del acero causada por incendios descontrolados.
Daño estructural directo y desprendimiento del aislamiento ignífugo El primer factor fue el impacto severo de los Boeing 767 volando a más de 700 km/h.
- Corte de columnas: La fuerza cinética seccionó instantáneamente múltiples columnas perimetrales y del núcleo central diseñadas para distribuir el peso del edificio.
- Pérdida de la capa protectora: Lo más determinante fue que la onda expansiva del choque desprendió la capa aislante de protección contra incendios (fireproofing) que cubría las vigas de acero en los pisos afectados, dejando la estructura metálica completamente expuesta al calor directo.
Degradación térmica del acero e inestabilidad de las cerchas (trusses) El segundo factor, y el verdadero desencadenante del colapso progresivo, fue el incendio masivo alimentado por miles de litros de combustible de aviación y el mobiliario de las oficinas.
- Pérdida de resistencia mecánica: Aunque el combustible se consumió rápidamente, los incendios posteriores alcanzaron temperaturas de entre 600 °C y 1.000 °C. A los 600 °C, el acero estructural pierde aproximadamente el 50 % de su resistencia mecánica a la flexión y la compresión.
- Deformación y colapso en cadena: Las vigas horizontales del suelo (trusses) se pandearon y curvaron hacia abajo debido al calor intenso, tirando hacia adentro de las columnas perimetrales exteriores. Cuando las columnas exteriores e interiores cayeron cediendo ante el peso de los pisos superiores, se inició un colapso pancque o por apilamiento progresivo que la estructura inferior no pudo detener.
La tragedia transformó para siempre los códigos globales de edificación e ingeniería, obligando a implementar aislantes ignífugos de mayor adherencia, diseños de columnas redundantes y salidas de emergencia reforzadas en rascacielos de todo el mundo.