GINEBRA / BOGOTÁ — Bajo el diagnóstico de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la supervisión de su secretaria general, Celeste Saulo, el denominado «Súper Niño» —impulsado por un calentamiento anómalo en el Pacífico que supera los 2 °C respecto al promedio histórico— ha alcanzado dimensiones sin precedentes. Al alterar los patrones meteorológicos a escala planetaria, este fenómeno ha desencadenado eventos climáticos extremos y opuestos que impactan severamente la infraestructura, la agricultura y la vida cotidiana en América Latina y otras latitudes del planeta.
Cinco manifestaciones clave de cómo este fenómeno está transformando las condiciones climáticas globales:
1. Inundaciones y tormentas históricas en el Cono Sur y la costa del Pacífico: En el sur de América Latina, el fenómeno ha descargado precipitaciones extraordinarias. Países como Chile, Paraguay, Uruguay, el sur de Brasil y el norte de Argentina han registrado lluvias severas, granizadas desestacionales en primavera e inundaciones provocadas por el aumento crítico en los caudales de las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay. Las crecidas obligaron incluso a la apertura de los vertederos en la represa hidroeléctrica de Itaipú y al cierre temporal del acceso a las Cataratas del Iguazú. En contraste, en las costas tropicales de Perú y Ecuador, la variante del «Niño Costero» intensifica copiosas lluvias con riesgo inminente de desbordes urbanos y aludes.
2. Temporada de ciclones récord en el Pacífico: El sobrecalentamiento del Pacífico oriental ha transformado la cuenca en un motor de huracanes de enorme intensidad. La temporada ha registrado fenómenos simultáneos -como los huracanes Polo, Odalys y Nolo-, alcanzando vientos sostenidos y ráfagas extremas que han golpeado zonas costeras de México y Centroamérica. Este comportamiento sobrecargado contrasta de forma directa con lo que ocurre en Asia: en el Pacífico occidental, los tifones disponen de rutas más largas sobre aguas cálidas antes de tocar tierra en países como Japón y China, incrementando su potencial destructivo.
3. «Calma inquietante» en la cuenca del Atlántico y el Caribe: Mientras el Pacífico arde en ciclones, el océano Atlántico ha presentado una inusual inactividad. El fenómeno del «Súper Niño» incrementa la cizalladura del viento en el Atlántico Norte, un cizallamiento atmosférico que «despedaza» la estructura de las tormentas en formación e impide su desarrollo. En sectores como el Caribe oriental, la temporada de ciclones tropicales ha resultado casi nula, una anomalía que los meteorólogos califican de excepcional para la época del año.
4. Sequías severas, incendios forestales y crisis energética: En la contraparte del mapa, la falta de humedad ha desatado un déficit hídrico histórico. El Corredor Seco centroamericano, el norte de Sudamérica (Colombia y Venezuela) y la cuenca de la Amazonía atraviesan sequías prolongadas que han dejado embalses hidroeléctricos en niveles mínimos y han propiciado incendios forestales de gran magnitud. Fuera de América Latina, esta misma condición seca ha provocado voraces incendios forestales en Indonesia, afectando gravemente la calidad del aire regional, y un debilitamiento del monzón agrícola en la India.
5. Alteración pesquera y pérdidas aceleradas en la economía agrícola: El calentamiento de las capas superficiales del mar ahuyenta la corriente fría de Humboldt, desplazando a las especies marinas e hiriendo de muerte la productividad pesquera de países sudamericanos como Perú y Chile. Al mismo tiempo, la dualidad entre suelos anegados en el sur y tierras áridas en el norte amenaza la producción de granos básicos, soya y maíz.
Según estimaciones de organismos como la CEPAL y la CAF, el impacto combinado de este «Súper Niño» sobre la infraestructura, el costo de los alimentos y la matriz energética podría restar hasta un 2 % del PIB regional, incrementando la vulnerabilidad de millones de hogares rurales.