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CAMBRIDGE — Uno de los pilares más consolidados de la biología evolutiva está siendo cuestionado desde los laboratorios. Durante décadas, la comunidad científica dio por sentada la hipótesis de que las primeras formas de vida surgieron espontáneamente en una «sopa primordial» mediante reacciones químicas desencadenadas por descargas eléctricas o actividad geotérmica. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que los supuestos fundamentales de este paradigma histórico podrían ser erróneos, obligando a replantear cómo aparecieron los primeros bloques constitutivos de la biología en la Tierra primitiva.

El modelo clásico y sus grietas metodológicas

Desde mediados del siglo XX, experimentos emblemáticos como el de Miller-Urey postularon que compuestos inorgánicos simples expuestos a fuentes de energía podían sintetizar los aminoácidos necesarios para la vida. No obstante, las revisiones bioquímicas contemporáneas señalan inconsistencias clave en esa visión tradicional:

Las hipótesis emergentes: de las fuentes hidrotermales al espacio exterior

Ante el debilitamiento de la teoría tradicional, la astrobiología y la bioquímica exploran rutas alternativas para explicar el salto de la materia inerte a la vida:

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