BOGOTÁ — Bajo la etiqueta de «Ninis» —un acrónimo acuñado para definir a la población joven que ni estudia ni trabaja— existe un fenómeno social tan complejo como heterogéneo. Aunque durante años el término se utilizó de forma despectiva para estigmatizar a una juventud supuestamente apática o desinteresada, la realidad económica y social revela un panorama drásticamente distinto: la inmensa mayoría de estos jóvenes no eligió estar en el margen, sino que quedó atrapada en él.
Según informes recientes de organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Banco Mundial, la categoría ‘Nini’ engloba principalmente a jóvenes entre los 15 y 24 años que enfrentan barreras estructurales infranqueables. En América Latina y diversas partes del mundo, el perfil predominante de esta población lo encabezan las mujeres jóvenes, quienes asumen de forma no remunerada labores de cuidado en el hogar o maternidad temprana, lo que les impide reincorporarse al sistema educativo o insertarse en el mercado laboral.
Las causas detrás del fenómeno: Más allá de la falta de voluntad
El fenómeno ‘Nini’ no es el resultado de la falta de ambición individual, sino la consecuencia directa de fallas sistémicas en la educación y la economía global:
• Brecha entre educación y empleo: Millones de jóvenes graduados se enfrentan a un mercado laboral que exige experiencia previa inaccesible o habilidades técnicas que el sistema académico tradicional no ofrece. • Informalidad y precariedad: La falta de empleos con salarios dignos y protección social lleva a muchos a la frustración y al abandono de la búsqueda activa de empleo. • Barreras socioeconómicas: En comunidades vulnerables, la falta de transporte público, la brecha digital y la escasez de centros educativos accesibles limitan severamente las oportunidades de desarrollo.
Especialistas en sociología y economía advierten que la persistencia de este grupo demográfico representa un alto costo para las naciones. La desconexión prolongada del sistema productivo no solo perpetúa los ciclos de pobreza intergeneracional y afecta la salud mental de las juventudes, sino que compromete el dividendo demográfico y la sostenibilidad económica de las próximas décadas.
Superar el desafío de los ‘Ninis’ requiere dejar de lado las etiquetas simplistas y diseñar políticas públicas enfocadas en el cuidado infantil, la capacitación técnica focalizada y la creación de un empleo juvenil con garantías reales de futuro.