Aunque para los humanos alzar a un perro es un acto de afecto y protección, la etología canina sugiere que la inmensa mayoría de las mascotas experimentan esta acción con incomodidad, estrés o ansiedad. Al despegar a un perro del suelo se anulan sus mecanismos de defensa naturales y su percepción del entorno, transformando un gesto de cariño en una experiencia amenazante.
El comportamiento de los caninos está condicionado por su condición de mamíferos terrestres. Entender su lenguaje corporal al momento de alzarlos evita situaciones de tensión innecesarias:
- Pérdida de control y autonomía: Al perder el contacto con el suelo, el animal pierde la capacidad de huir o explorar, dos respuestas instintivas ante cualquier estímulo de su entorno.
- Invasión del espacio personal: En la comunicación canina, poner las extremidades sobre el lomo o el torso de otro individuo es una señal de dominancia o reto, no de afecto.
- Presión física e incomodidad: Tomar a un perro por las axilas o sobre el abdomen genera presión en zonas sensibles y puede provocar molestias vertebrales o corporales.
Alternativas respetuosas para demostrar afecto
Para mantener una relación saludable y segura, es aconsejable sustituir el hábito de cargarlos por interacciones que respeten su naturaleza: acariciar el pecho o los costados a su misma altura, utilizar el refuerzo positivo mediante premios o invitar al juego manteniendo siempre sus cuatro patas en el suelo.