En una severa escalada contra la infraestructura mediática de Ucrania, las fuerzas rusas ejecutaron un ataque con aeronaves no tripuladas de fabricación iraní Shahed contra el edificio donde opera el canal de televisión We Are Ukraine («Nosotros somos Ucrania») en Kiev. La embestida, perpetrada a plena luz del día mientras el equipo realizaba transmisiones en vivo para la cobertura nacional conjunta United News, dejó un saldo inicial de cinco profesionales de la comunicación heridos y graves destrozos estructurales.
Impacto en vivo y daños estructurales
El ataque tomó por sorpresa a los equipos periodísticos y técnicos que se encontraban en plena pauta informativa, lo que evidencia un cambio táctico en los objetivos rusos hacia la labor informativa:
- Destrucción de las instalaciones: El dron suicida impactó de manera directa contra la sección superior de la sede. El choque destruyó parcialmente la planta de producción, los estudios de emisión principal y la redacción central.
- Atención de emergencia: Los equipos de rescate y bomberos de la capital acudieron al lugar para evacuar al personal atrapado, trasladando a cinco trabajadores con heridas por metralla y quemaduras de diversa consideración a centros hospitalarios.
Reacción oficial y condena internacional
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció de inmediato la agresión a través de sus canales oficiales, remarcando que el Kremlin busca silenciar la voz del país ante la comunidad internacional:
- Llamado a la defensa aérea: Las autoridades ucranianas reiteraron a sus aliados occidentales la urgencia de acelerar la entrega de sistemas de defensa antiaérea avanzados para interceptar las incesantes oleadas de aeronaves suicidas que amenazan los centros urbanos.
La persistencia periodística tras el impacto
Pese al colapso de sus estudios principales y la pérdida de equipamiento técnico crítico, los equipos del canal activaron sus protocolos de contingencia para mantener la transmisión desde estaciones de respaldo y unidades móviles. El hecho ha provocado una rotunda condena por parte de organizaciones globales de libertad de prensa, que exigen catalogar estos actos como crímenes de guerra dirigidos contra profesionales de la información.