Evaluar la respuesta de un país ante una catástrofe (ya sea un terremoto, una erupción volcánica o una nueva crisis sanitaria) exige mirar más allá de la cantidad de médicos; requiere analizar la infraestructura logística y la distribución regional.
Colombia cuenta con un sistema de salud con alta capacidad de alta complejidad en ciudades principales como Bogotá, Medellín o Cali. Sin embargo, el gran talón de Aquiles sigue siendo la periferia y las zonas rurales, donde la escasez de camas de cuidados intensivos (UCI) y la dificultad de acceso geográfico costarían vidas en las primeras horas de una emergencia física. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y el Ministerio de Salud tienen protocolos robustos sobre el papel, pero expertos en salud pública señalan que la falta de simulacros masivos interconectados y las barreras presupuestales debilitan la capacidad de respuesta en tiempo real ante un evento de gran magnitud.
Pregunta interactiva: Pensando en tu ciudad o municipio, ¿sabrías a qué hospital acudir y si este tiene la capacidad de atender una emergencia masiva?