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No es solo lo que comes, sino cuándo lo comes

Durante años nos hemos obsesionado con contar calorías y macronutrientes, pero la ciencia médica está girando la mirada hacia el reloj biológico. La crononutrición es el estudio de cómo el horario de las comidas interactúa con nuestros ritmos circadianos (el reloj interno de 24 horas que regula el sueño, las hormonas y el metabolismo).

Estudios recientes del Instituto Salk demuestran que nuestro diseño evolutivo está hecho para procesar los alimentos de manera más eficiente durante las horas de luz solar. Desayunar fuerte y cenar ligero y temprano (al menos 3 o 4 horas antes de dormir) reduce significativamente el riesgo de resistencia a la insulina y mejora la calidad del sueño profundo, ya que el hígado y el páncreas no tienen que trabajar horas extra durante la noche.

El dato: Sincronizar las comidas con la luz natural del día puede mejorar la eficiencia metabólica hasta en un 20%.

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