Cuando pensamos en patrimonio cultural, nos vienen a la mente monumentos, pinturas o bailes. Sin embargo, existe un patrimonio invisible que estamos perdiendo a pasos agigantados: el paisaje sonoro. El avance de la urbanización y la homogeneización tecnológica está provocando la extinción de sonidos únicos: el murmullo de un mercado ancestral en Los Andes, el canto de un ave endémica que ya no encuentra pareja por el ruido de las autopistas, o incluso el crujido específico de los glaciares al derretirse. Hoy en día, existen proyectos globales de «arqueología acústica» dedicados a grabar y preservar estos ecos antes de que el ruido blanco de la modernidad los borre para siempre. Preservar nuestra cultura también implica aprender a escuchar lo que el mundo nos dice.
¿Pregunta interactiva para el debate? Cierra los ojos por diez segundos y escucha tu entorno. ¿Cuál es el sonido más predominante en este momento y cuál es ese sonido de tu infancia que ya casi nunca escuchas?